lunes, 28 de diciembre de 2009

Todo Casi!!!

Me desperté y los rayos del sol quemaban mi blanca cara, abrí mis ojos y las mariposas revoloteaban danzantes a mi lado, los árboles verdes impetuosos con hojas inmensas, se elevaban a saludar con un abrazo a las nubes blancas perfectas, con formas de ángeles, flores, dinosaurios, etc...

Traté de salir de la flojera matutina, pero los pajarillos cantaban sus sones, como meciéndome entre silbidos, ¡todo es tan perfecto!-me dije a mi mismo, ¡un prado maravilloso realmente!- me dijo Joel , que con sus ojos felinos celestes cielo, ese cielo que estaba de color mas bien morado, violeta tal vez; me miraba con cara de inquietud.
¿Quisiste dormir una siesta bajo el gran roble?- me dijo
Sí, contesté, me gusta la quietud del lugar, los pajarillos no se cansan de cantar arrullando mis sueños.

Las cuatro patas de Joel se movían como una coreografía animal ésca, su pelaje negro completamente brillante, su cuerpo musculoso, que inmenso puma era Joel.
Ya, ¡levántate, a propósito ¿hace cuanto que no te afeitas?
¡ay Joel!, ¿para que quieres que me afeite?, estoy bien como estoy, además tengo hambre- le respondí
Para eso te vine a buscar, esta listo el almuerzo
¡que extraño! , Pensé que era de mañana, no tome desayuno-le dije
Pero hombre, si te vienes recién levantando, ya, enserio, ahora vamos que Margarita tiene los platos servidos, Margarita era una loba plateada, de mirada cansada y unas patas no tan ágiles como antaño.

Margarita saludó a su casi hijo, casi lobo, casi puma, todo casi, con un suculento plato de carne con papa, ¿Quién diría que una loba vieja cocinara tan bien?, bueno ciertamente yo lo diría... ¡que vida!, aún así sentía unas nauseas terribles, y un dolor de cabeza intermitente, iba y venia, una y otra vez.
Cuando ya había terminado mi almuerzo-desayuno los monos de los árboles bajaron a jugar conmigo, llegaban siempre así, cuando ellos querían jugar conmigo, nunca cuando yo los llamaba, pero hoy habían venido a mi encuentro como invitándome a salir con ellos, yo acepté, no bajaban siempre, además ¡que colores tenían estos pequeños primates, no se repetía ningún color, unos eran verdes, otros rosados, amarillos, morados, azules, en distintos matices y gamas!, era imposible que se camuflaran en alguna parte con sus colores fosforescentes y sus risitas burlonas, así que siempre los convencía de jugar a las escondidas, jugamos largo rato y la noche llegó más rápido de lo que esperaba, los monos se despidieron de mi con un fuerte apretón de manos, me abrazaron como si no me volviesen a ver, Joel me fue a buscar, Joel siempre me iba a buscar, como un hermano mayor, parecía que todos lo respetaban, me dijo que Alex estaba en casa ya, no sabia que me había demorado tanto, parecía que fuese un parpadeo, pero no importaba, Alex había llegado a casa, y eso que solo llegaba los viernes, así que corrí junto a Joel, casi tan rápido como él lo hace, que ilusión me resultaba verlo, tal vez darnos esos fuertes abrazos de oso, pero que divertido podía sonar eso si consideramos que Alex es un oso, un inmenso oso pardo, casi tres metros de comprensión, ternura y ausencia en ese acolchado envase de color café brillante como si tuviese un barniz especial.

Alex había llegado cansado; como cada viernes le pidió a Margarita algo de comida, ella se la dio, no de muy buena gana. Alex había llegado de mal humor era típico en él cuando tenia problemas con los demás osos, o cuando no traía los salmones suficientes, porque era siempre Margarita le que traía las presas mas suculentas de todas, mas comida, todo más, menos cariño, por estas razones Alex ya no daba esos espontáneos abrazos de oso, bueno no se los daba casi a nadie, siempre me decía que Joel era muy bueno, pero creía que era imprescindible y eso no estaba bien , que se daba demasiada importancia y cuando no se la daban, mostraba las garras para que todos lo vieran y supieran que era peligroso, para que no se metieran con él, y Margarita ya no lo trataba como antes, hace muchos años que las cosas no eran igual, siempre reclamándole las raciones de comida, los momentos escasos que pasaba en casa, que siempre estaba cansado, que ya ni se veían, que ya ni se extrañaban , que ya ni se querían, pero a mi me quería como a un hijo, me protegía como a su pequeño osezno, no le gustaba como Joel me hablaba de la vida, no le gustaba como ese imponente puma me trataba de hacer ver la vida como él la veía, ni tampoco le gustaba mucho cuando Margarita me retaba por mi pelo largo, mi barba o mi forma de vestir, decía que esa era mi esencia o algo asi, que no me iban a cambiar porque era único. Cuando llegué, corrí a él, estaba tan viejo y cada lunes que se iba pensaba que no volvería, bueno, así son los temores de los hombres me decía Joel, cada vez que tocábamos ese tema. Pero no me importaba porque Alex ya estaba aquí y me dio su abrazo de gran oso pardo, apretándome con ternura entre sus inmensas patas delanteras.

¡Mierda! Que dolor de cabeza, y esa nausea, esos colores, pero seguían igual de intermitentes, o será que por la emoción se me habían olvidado, ¡sí, seguramente era eso, si no pienso en ello se me pasará, se ira solo, así como llegó! La noche estaba naranja y las estrellas tintineaban su destello rojo, el pasto azul se mecía con el viento y las vueltas en mi cabezazo no me dejan enfocar la vista. De pronto escuché una aullido que me erizó hasta la ultima fibra, era un aullido horrible, era, ¿era Margarita?, si, pero no entiendo porque, en ese instante el cielo se tornó negro y las estrellas se apagaron, una luna roja iluminaba a duras penas, Joel de un salto estaba encima de mi, pensé que era un juego, pero me dio miedo.
-me cuesta respirar Joel, ya, esta bien, esta bien, lo lograste, me asusté, ahora sal de encima.
Margarita se me acercó amenazante como la loba cazadora que era y siempre ha sido, ni siquiera la vejez la hizo ver menos intimidante. Tenía a dos feroces bestias acechándome, de verdad que ya no puedo respirar, la cabeza me da mil vueltas y los olores de estos animales no parecen de animal, huelen a humo, y me duele mucho la cabeza, ¿Dónde está Alex?, ¿Por qué no está aquí defendiéndome?, no quiero que me vea así, como pueden estar encima de mi, y no entienden que soy yo, ¿Alex por que no vienes?, ¿que te hicieron?, ¿te mataron a ti antes que a mi cierto?, porque tu estarías siempre para mi ¿cierto?, siempre para mi, ¡¿cierto Alex?!, ¿Alex?, ¿Alex?…..¿papá?

La música se cortó de golpe, ¿que iba a pasar ahora?, Eduardo no quería volver en si, y tanto que les había costado a sus amigos llevarlo a que se le pasara la pena, era verdad, su papá se había suicidado en la mina hace uno o dos meses, bueno Alexander no era su padre, era mas bien su padrastro , pero el nunca lo mencionó, aunque sus amigos siempre lo supieron , eran demasiado distintos en todo físicamente, pero por dentro eran almas únicas, unidas por sus valores. Eduardo por favor reacciona, está aquí tu mamá y tu hermano, pero Eduardo ya no respiraba.
Margaret su madre estaba desconsolada, lloraba histérica, no podía creer que primero había sido su esposo y ahora su hijo, su pequeñito, fruto del amor apasionado con otro, pero la vida no podía ser tan injusta con su familia; Joel estaba inmóvil sin articular palabra, ya no podía sacar las garras, ya no habría nadie a quien reclamar que se afeite para la universidad, o criticarle esos pantalones andrajosos, Joel sabia que su hermano Eduardo era mucho mejor que él en todos los aspectos de la vida, era por eso que su padre, era por eso que Alexander quien ni siquiera lo había engendrado le tenía mas cariño que al que era su hijo de sangre, esta vez Joel no pudo decir nada, así son los temores humanos, te paralizan.
A lo lejos se oyó una sirena a toda marcha, uno de sus amigos había llamado a la ambulancia hace unos minutos y esta estaba entrando, subieron a Eduardo en una camilla, con una coreografía aprendida de memoria por los paramédicos, pero no había vuelta Eduardo ya estaba helado, había perdido los colores; Joel quiso acompañarlo en la ambulancia, pero no, ya no podía acompañarlo más.
El doctor abrió el cajón de metal, este es nuevo se dijo así mismo, tan jóvenes y llegan aquí, a ver, leamos la ficha de este jovencito, nombre, Eduardo Vergara, edad: diecinueve años, causa de muerte: Sobredosis. No aprenden, siempre es lo mismo...

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